La carta que cruzó hasta mí
La prueba de que sí se pueden mandar cosas con amor, incluso cuando hay un océano de por medio.
Aquí vive la versión original: la carta del renacer, las primeras razones, la línea de tiempo y ese “todavía nos debemos lo mejor”.
Te escribo en esas horas en las que el mundo se queda en silencio y uno ya no puede mentirse. Afuera todo se apaga, pero mi mente sigue encendida: planes, ideas, miedos… y, entre todo eso, tú. Porque sé que a veces mi vida parece una carrera contra el reloj, saturada de ciencia, código, números y una disciplina que puede verse fría. Pero necesito que lo sepas: mi mayor miedo no es fallar… mi mayor miedo es que creas que, por ir tras el futuro, estoy descuidando mi presente contigo.
Tú conociste al Larry que vivía en piloto automático. No hablo de un lugar en el mapa, sino del lugar mental donde estaba atrapado: cumpliendo sueños ajenos, haciendo ruido para no escucharme, gastando energía en cosas vacías y en una vida que no era mía. Ese Larry murió. Y tú fuiste testigo, y cómplice, de mi renacer. Desde que llegaste, algo se encendió en mí: una llama que creí perdida… curiosidad, hambre de aprender, la ambición sana de volver a ser el niño que soñaba en grande.
Por eso corro. Por eso estudio hasta que los ojos ardan. No por aplausos ni vanidad, sino por una visión que no me deja dormir: te veo a ti, nos veo a nosotros, construyendo algo que nadie pueda romper. No quiero una vida promedio para ti, mi amor. Quiero nuestro imperio: una casa hecha de paz, estabilidad y futuro. Pero hay una verdad más fuerte que todo: yo no podría cargar este peso si no fuera por ti. Tu amor no es una distracción: es el ancla que evita que una mente inquieta como la mía se quiebre. En un mundo caótico, tú eres mi calma.
Puedo querer descifrar el universo, sí. Puedo querer llegar lejos, dejar huella, tocar lo imposible. Pero hay una ambición que supera a todas: quiero volverme un experto en amarte y en hacerte feliz. Tú eres un universo fascinante que nunca quiero dejar de estudiar. Y cuando el cansancio me pida rendirme, recordaré tu mano y esta promesa: no voy a fallarle a las dos bendiciones que la vida me dio, mi misión y encontrarte a ti. Esto recién comienza, Lolabelle. Lo nuestro va a ser legendario.
Aquí empieza lo que viene después del primer año: recuerdos privados, tracker, promesas, fechas importantes y una sorpresa desbloqueable para cuando te extrañe.
Hoy no te escribo para “celebrar una fecha”. Te escribo para recordarte que te elegí, y que vuelvo a elegirte, incluso cuando no puedo tocarte. La distancia no baja el volumen de lo que siento. Lo sube.
En este primer año, me has visto construir, caer en la obsesión, volver a levantarme… y aun así te quedaste. Eres mi calma cuando el mundo se vuelve ruido; mi certeza cuando mi cabeza se llena de planes.
Si algún día te he hecho sentir que el tiempo me gana, quiero que lo sepas: tú no compites contra nada. Eres mi prioridad real, mi “sí” sin condiciones. Yo quiero amarte bien. Con presencia. Con acciones. Con verdad.
Así que hoy te prometo esto: voy a seguir creciendo… pero contigo. Voy a hacer espacio para nosotros, para tus días y tus dudas, para tus ganas y tu risa. Porque mi “imperio” sin ti sería solo una estructura vacía.
Fotos, cartas y momentos que cruzan el océano: Lima, London, videollamadas, promesas y este primer aniversario.
La prueba de que sí se pueden mandar cosas con amor, incluso cuando hay un océano de por medio.
Porque cada videollamada me hace imaginar el día en que ya no tenga que imaginarte.
Un recuerdo hecho con código, música, promesas y ganas de hacerte sentir elegida.
Finales de este año: el viaje que no es solo un viaje, sino una promesa caminando hacia ti.
Esto se guarda solo en tu iPhone. Puedes escribirlo para ti, para mí, o para cuando necesites sentir que aquí estoy.
Toca una carta de la baraja. Cada una revela una promesa distinta de tu Larrito.
Toca estrellas, soles, flores, destellos turquesa y gatitos antes de que caigan. Evita las nubes de lluvia: quitan puntos.